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Tu llama, tu identidad



Si las personas fuéramos tan simples como para poder definirnos por una fórmula matemática posiblemente fuera algo parecido a “si quieres algo, ve a por ello”. Por desgracia ninguno somos así. Es más, somos tan jodidamente complicados que la gran mayoría de las veces conseguimos lo contrario.

En nuestra mente todo parece maravilloso, sencillo y no vemos cómo podemos tropezarnos y caer. Y sin embargo, es así. Nos caemos una y otra vez, cada vez de más alto. Y todo porque lo que pasa por nuestra cabeza es demasiado perfecto y sencillo como para convertirlo en palabras o en actos y nuestro cuerpo actuará de manera que el efecto deseado sea lo más ridículo y contrario como la situación lo permita.

Y es que el problema no es nuestro cuerpo. El problema es la razón. Demasiada razón. Esa situación tan idílica que se crea en tu cabeza no es sino fruto de las pasiones en estado puro. Es una llama poderosa que se adueña de tu subconsciente y hace que tu imaginación trabaje a velocidades inimaginables, creando un final feliz al cuento que tú y tus acompañantes habéis ido creando. Solucionando la situación de manera que tus palabras floten y el objetivo sea cumplido.

Pero, ¡DESPIERTA! Cuando abras la boca para hablar nada será así. Tus pasiones, tu fuego, tu propia identidad se apagarán porque les caerá encima el diluvio en el que tu razón se ha convertido. Un diluvio del que solo podrás salvar una pequeña parte de ese ser que tan rápidamente has creado y con el que intentarás que tu boca actúe como es debido. 

Como ya he dicho, nunca es así. Hablarás y desearás haberte callado porque lo que no has conseguido transmitir con la verborrea que has desperdiciado podrías haberlo expresado en una corta y concisa frase que lo habría solucionado todo.

Éste es el resultado de los largos años tratando de ocultar tus sentimientos, de ser una persona fría, calculadora y que no se dejara guiar por lo que realmente quiere, preocupándose únicamente por un sufrir y llevar una vida que se pareciera a la felicidad, pero sin llegar a serlo totalmente. Una vida parcialmente vacía en la que falta esa llama que ocasionalmente resurge para hacer que la caída sea más larga y elevada cada vez. Esa llama a la que nunca dejarás salir al exterior y que no permitirá a nadie conocerte de verdad.
 Tu llama, tu identidad.