Desde Pitagoras al convento, pasando por el laboratorio y el espacio
Hoy me he indignado. ¿La causa de este sentimiento? La manía de los profesores de poner en los exámenes cosas que no se han hecho en clase.
Supongo que a todos vosotros os ha pasado así que me podréis comprender perfectamente. Y es que es verdad, en clase se le da muchísima importancia a unos ejercicios que, misteriosamente, nunca caen en el examen. ¿Será casualidad? Yo creo que no. Pero la culpa, queridos lectores que os aburrís en casa y me leéis, es nuestra. Si, nuestra. Porque, si sabemos que los ejercicios que estamos venga a hacer no van a caer, ¿por que estudiamos esos y dejamos de lado los otros? Nunca llegaré a entender muy bien esta actitud que todos, repito, TODOS tenemos al estudiar un examen. (Absténganse de comentar aquellos empollones que siempre estudian todo y hacen todos los ejercicios)
Y ahora diréis, ¿por qué escribes semejante gilipollez y te indignas por eso? Bueno pues lo escribo porque me da la gana y porque los últimos dos exámenes que he hecho hay ejercicios que me gustaría saber a mi cuándo los hemos dado y dónde estaba yo en ese momento. Vale, el último lo entiendo ya que en las clases del “convento” estoy en la inopia y venga a hablar.
Y nada, aquí os dejo esta bazofia, para cerciorarme de que yo, si estoy de buen humor, no sé quejarme. Espero que sobreviváis la entrada entera para poder leer esto sin haber ido a vomitar y que la próxima vez pueda escribir algo más productivo.
Un saludo de un tipo que se levanta a diario con el pie izquierdo.