¿Conductor de Villavesa o psicópata sobre ruedas?

Hoy me he indignado. ¿La causa de este sentimiento? La inmesidad grasienta que conducía la villavesa en la que he venido a casa.

Antes de nada, si hay alguien de fuera de Pamplona que lee esto, las villavesas son los autobuses urbanos de aquí (que internacional me siento)

Ahora si puedo explicaros qué ha hecho ese desecho genético para merecer que gaste tiempo con él. Hoy, la villavesa por dentro parecía más un campo de batalla tras una guerra entre Irak y EEUU, con sus bombas atómicas y todo. Ha caído una silleta de bebé al suelo (desconozco donde estaba el niño en cuestión, pero dentro no había nada). Una desafortunada bolsa con las compras de una risueña señora con la melena grisácea ha rodado escaleras abajo para esparcir su contenido por toda la superficie del autobús. Entre tanto la gente luchaba contra la gravedad agarrándose a las barras de sujeción o haciendo equilibrios imposibles en sus asientos (jodidos con suerte que no tenían que aguantar el peso de 2º de Bachiller en su mochila llena de libros).

Esto que parece una hazaña de una aventura de rompetechos ha sucedido en el mismo instante en el que el búfalo repeinado que teníamos por conductor tomaba una de las múltiples rotondas del recorrido, de una manera tan espantosa, que ni un mono con los ojos vendados conduciendo un Hummer no sería capaz de llevar a cabo y sobrevivir. Nosotros por suerte hemos salido ilesos, pero esto sucede cada día en las ahora reformadas y cada día más caras “Pilavesas” (si, por lo menos son ecológicas, algo bueno tenían que tener)

Esto es lo que me ha llevado a hacerme la pregunta de si los conductores de los medios públicos son psicópatas sobre ruedas que sueñan con ser Hamilton en uno de sus muchos golpes de los que, por desgracia, ha salido tan ileso como nosotros.

Un saludo de un tipo que se levanta a diario con el pie izquierdo.

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