Estilismo nulo
Hoy me he indignado. ¿La causa de este sentimiento? El nulo estilismo de una docente.
He de reconocer que soy bastante maniático con la ropa y la forma de vestir de la gente, tengo bastante manía a las marcas y me duelen los ojos al ver ciertas cosas. Y no digo que vista bien, visto como a mí me gusta, pero me gusta criticar la ropa de la gente si no me gusta. Pero lo de hoy ha sido el colmo y me he decido a escribirlo por culpa de mi compañera de mesa.
Para que podáis entender mi indignación, os describiré el cuidado estilismo de la persona en cuestión. Se componía de tres elementos que yo en mi vida había pensado que alguien osaría combinar. Un jersey de punto de cuello alto de los que llegan hasta debajo de la cadera, un fular de algodón y un polar.
Hay que decir que, ya por separado eran bastante desagradables a la vista las tres cosas.
El jersey era el único que se podía salvar, con una cenefa en blancos y rojos tanto a la altura de los hombros como bordeando la cadera. Era de estilo campechano, como los que cosen las abuelas en invierno y solo le faltaba una inicial bien grande en la pechera para ser uno de los jerséis que la madre Weasley tejía a sus hijos en Harry Potter. El fular recordaba a un tapete típico que se usaba antiguamente para cubrir las mesas camilla, con su puntilla rodeándolo incluida, aunque en vez de ser blanco, parecía que una gran copa de Rioja del 83 se había derramado de manera uniforme sobre él. Para terminar de alcanzar la perfección y lapidar mi paciencia, entre ambas prendas se encontraba un polar característico de Decathlon cuyo precio nunca asciende de 5,99€ y que debería llevar una pegatina en la etiqueta donde pusiera “NO LLEVAR FUERA DE CASA”.
Este era el aspecto con el que pretendía impartir su asignatura y esto era lo que reflejaba mi cara. ¿Habrá que comprarse gafas con cristales tintados para clases futuras? El tiempo nos lo dirá.
Un saludo de un tipo que se levanta a diario con el pie izquierdo.
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