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Epitafio Navideño

Una tarde de finales de noviembre. Por la calle cientos de escaparates adornados con abetos, gorros de Papá Noel, esferas teñidas de vivos colores… Manchas coloridas al fin y al cabo, con un significado perdido. Sobre tu cabeza helada y despeinada por el viento, unas luces deslumbrantes que representan formas. Formas que antes te decían algo, aunque no recuerdas qué y que ahora entorpecen tu visión de las estrellas. Un pensamiento pasa por tu cabeza. No, no es un pensamiento. Es un recuerdo. Esas luces significaban que estamos en Navidad pero, ¿dónde está? ¿No estamos todavía en Noviembre? Tu cabeza comienza a trabajar sin descanso. Miras a tu alrededor y observas a través de las ventanas, árboles le luz que iluminan un salón vacío, dentro de casas cerradas a cal y canto cuyos dueños están, como tú, en la calle vagabundeando la ciudad. No comprendes qué pasa, solo una cosa está clara. La Navidad ha dejado de ser un ser de fantasía que se espera con ansias y alegría para convertirse en esferas de vidrio con un filamento incandescente en su interior, en telas pasionales con las que confeccionar gorros, en cajas de cartón envueltas en celofán de colores con un lazo en sus tapas… Comprendes entonces que la Navidad ha muerto y se venden sus restos en los grandes almacenes.

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El circo de la política y sus payasos por el mundo

Hoy me he indignado. ¿La causa de este sentimiento? Todo lo que ha rodeado al debate político de ayer noche.

Seguramente esta entrada no os guste y me odiéis o dejéis de leerme pero bueno, este blog lo hice para desahogarme y eso es lo que haré. Si queréis entenderme, lo haréis.

Ayer asistimos al evento de mayor categoría de nivel político al que se puede asistir en unas elecciones, el debate entre los dos partidos políticos principales. Es un espectáculo y un ejemplo de juego limpio y “deportividad” al que todos deberíamos asistir y así lo hizo media España, participando a través de Twitter. Me quedé engatusado al ver la gran objetividad de la que están dotados los twitteros a los que más admiro y con los que más me rio, además del escasísimo encasillamiento al que someten a la población y al resto de followers.

Ayer fue un caso especial de esta “marginación” política, que tocó techo con varios tweets que leí, pero en realidad siempre pasa y existen diferentes prejuicios que, a mí, me sacan de mis casillas.

El primero de ellos es “los gays no pueden votar al PP”. ¿Por qué? ¿Vamos a dejar que toda nuestra vida política se base en solo un aspecto de todas las características de un partido? Porque si es así, casémonos todos con todos. Ala, eso sí, posiblemente no tengamos dinero ni para celebrar la boda un con mendrugo de pan.

O, por ejemplo, la escena que a mí me aburre en la cual un hombre de negocios, director de una empresa, trajeado, con mocasines de charol y una corbata de PdH al que todos miramos (sí, me incluyo) con cara de desprecio y a los que asociamos un voto llevado a la urna por medio de una gaviota sobre un fondo azul. Esta actitud me parece igual de deplorable.

Pero esta es la realidad que yo veo en la política de este país. Tienes que elegir entre un futuro sin derechos ni libertades pero con una economía que, casi seguro mejorará, pero que dejará atrás a media población, o un futuro de libertad y derechos en el que no podamos pagar ni la factura del agua porque la economía estaría mejor organizada por un grupo de orangutanes.

Yo no sé vosotros pero, si esto sigue así, acabaré marchándome al polo sur, donde los pingüinos me aceptarán sin prejuicios y seguramente no discutan tanto como los políticos, que últimamente llevan a cabo unas sesiones en el congreso en las que un debate de sálvame tiene más trascendencia y utilidad.

Para terminar, deciros que, si queréis leer un blog de calidad y con unas opiniones con más consistencia que éstas, os deis una vuelta por www.criadosencautividad.blogspot.com que en breves tendrá una entrada sobre este mismo tema pero con una calidad y razón infinitamente mayores.

Un saludo de un tipo que se levanta a diario con el pie izquierdo.

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Mi rincón amarillo

Buenas de nuevo queridos lectores que no tenéis mejor cosa que hacer que perder el tiempo aquí. Me he decidido a inaugurar una nueva sección en este mi querido blog de desahogo personal. Para variar un poco la temática del blog, no me meteré con nada ni con nadie (o por lo menos lo intentaré), sino que la usaré para escribir todas las ñoñerías que se me ocurran durante mis largas tardes de soledad.

Hoy me he dado cuenta de que, al fin, el otoño ya está aquí, con fuerza y ganas renovadas de teñir las calles con sus colores. Ahora posiblemente estéis flipando y pensando que estoy loco, pero es que es verdad, el otoño y el invierno son las mejores etapas del año.

¿Nunca os habéis fijado en el enorme contraste de colores que hay entre los árboles, con sus hojas amarillas y naranjas como si fueran enormes cerillas en llamas, y los arbustos, verdes como la más grande esmeralda? Además, esos colores intensos que estallan en reflejos llenos de vida, destacan enormemente con el cielo encapotado que nos sobrevuela, sujeto por el grandioso Atlas, deseoso de explotar en una lluvia sin fin que nos ahogue con su furia. Furia aguada que normalmente va acompañada de la más ruidosa tempestad y de los más imponentes rayos.

Esto os puede parecer muy caótico e incluso alguno diréis que es tétrico. Nada más lejos de la realidad pero, ¿no es en estos momentos cuando la naturaleza muestra toda su fuerza? Esa fuerza descomunal que puede llegar a arrasar un país y dejar miles de muertos es, en su justa medida, un regalo del que debemos disfrutar y aprender a respetar, porque podría volverse contra nosotros si la naturaleza lo decidiese.

Por eso, yo os recomiendo aprovechar esas imágenes que nos regala el otoño y salid con vuestras cámaras a hacer fotos, no hace falta ser un virtuoso de la fotografía ni tener mucho material, basta con una cámara y tu intuición. Déjate guiar y podrás sacar grandes fotos de estos momentos incluso bajo la más absoluta oscuridad.

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Focas que se mueven en villavesa

Hoy me he indignado. ¿La causa de este sentimiento? Un proyecto de suicida mal educado que fuma en la villavesa…

Primero de todo, quería aclarar que esto sucedió el pasado miércoles pero hasta ahora no he tenido tiempo material de escribir esta entrada. Y os preguntareis, ¿por qué te decides a escribirla ahora? (si no los lo preguntáis me da igual, os lo contaré de todas formas). Bueno, pues lo escribió ahora por varias razones, la primera es que acabo de hacer la adecuación de un texto y eso es una tarea que me frustra muchísimo y acabo cabreado, la segunda es que llevo un día de discusiones bastante largo y la tercera que, de todas las cosas que me han indignado este fin de semana, es la que menos repercusiones puede traerme…

Bueno, volviendo al espécimen en cuestión. Yo me encontraba plácidamente sentado en mi asiento habitual en la villavesa cuando una mole pasó a mi lado para acabar recostado contra una pared al lado de la puerta de salida. Ya solamente verle dejaba mucho que desear. Sus “búfalo” pedían a gritos una lavadora, sus pantalones de rapero frustrado, que deberían ser anchos y no rozar siquiera sus gemelos, estaban al borde de la explosión, como si llevara unos pitillos 3 tallas más pequeños que la necesaria, y su camiseta… en fin, digamos que entre las manchas de aceite, las cenizas y las arrugas, no sabría deciros que aparecía en ella. Además lucía una grasienta y larga melena rizada que, al igual que su calzado, necesitaba urgentemente un estropajo con 2L de mistol ultra fuerte.

Pero no fue eso lo que me indignó. Lo que me cabreó y acabó con mi paciencia, fue que esta foca sin un mísero bote de HS que llevarse a la cabeza, iba fumando un porro más grande que cualquiera de sus rechonchos dedos. ¿Cómo adiviné que era un porro? Pues no fue tarea fácil, ya que su olor corporal (un hedor que no deseo a nadie) lo tapaba en las proximidades a su grasienta envoltura corporal. Pero por suerte yo estaba lejos la mayor parte del tiempo y el olor a marihuana llegó a mi pituitaria como un estandarte de libertad en mitad de una sangrienta guerra. Aunque a mi se me quedó una duda que más tarde resolví. ¿Dónde tiraba las cenizas? Porque el suelo lo dejó impoluto. Bueno pues mi respuesta fue que, las que no caían sobre su camiseta, empezaban a girar a su alrededor ya que, con esas dimensiones, el sujeto en cuestión tenia campo gravitatorio propio y un pequeño “anillo” de polvo, caspa y ceniza flotando a su alrededor.

Por suerte, solo tuve a este espécimen de zoológico delante durante 3 paradas y enseguida huí de allí para encontrarme con 3 compañeros para preparar un debate (que luego nos “robarían” y sería foco de nuestra indignación conjunta, pero eso ya es un tema pasado y solucionado).

Un saludo de un tipo que se levanta a diario con el pie izquierdo.